lunes, 22 de julio de 2013

IV: Que empiece el juego.

¿Alguna vez lo has pensado? En la novela "Plenilunio", de Antonio M. M.,  el detective se las pasa buscando unos ojos que tiene grabados a fuego: Los ojos capaces de cometer el peor de los crímenes. Piensa en ello. ¿Cuánta gente te cruzas en un día por la calle? Quizás alguno sea un héroe, pero otro puede ser un asesino. O no. Quizás son todos héroes. Quizás son todos asesinos y no lo sabemos: Ni lo sabríamos. ¿Cómo creerlo? ¿Cómo vivir con ese miedo? Además, tenemos un ego enorme que nos hace creernos capaces de saber lo que no sabemos: Saber que los extraterrestres, las sociedades secretas y objetos que borren la memoria no existen, porque nos acordaríamos aunque nos hubiesen borrado la memoria. Nos creemos capaces de saber que los muñecos no se mueven cuando no los vemos, porque los vigilamos; saber que alguien no es un violador porque lo conocemos, y lo habríamos notado. Esa clase de cosas.

Pensar que sabemos nos permite vivir tranquilos, nos permite no ser escépticos que temen su propio reflejo en el espejo u abrir una puerta: y eso hay que agradecerlo. Aunque también he de decir, por bien a la verdad, que nos fiamos mucho. Por ejemplo, nos fiamos demasiado de nuestros sentidos para lo mal entrenados que están. Ya no sabemos leer el alma en los ojos ni entendemos eso del lenguaje corporal: cuando "no" es "sí", cuando "no" es "NO"; lo desconocemos como si fuese algo que hay que estudiar pero no nos han enseñado, y no es así. Las clases de esto se imparten desde que nacemos aunque como a otras, no asistamos. Pero ey, yo no me quejo. Sólo digo lo que hay porque nadie lo hace, lo mismo que hago con la gente. Sí, juzgo a la gente. Y lo hago porque ellos no saben que lo hago, porque ellos ven mi cara, mis ojos, mi ropa...Y no saben nada de mi. Por eso yo los juzgo y ellos me pagan por las lecciones de vida que doy mientras la suspendo: Les digo como, les digo quien, les digo por qué aunque no crea en esa causa. Sí, soy un hipócrita. Seguramente uno de los pocos adjetivos que aún hablan de alguien que valora ver como son las personas cuanto antes, que busca saber que significa cada gesto: Hipócrita. Una persona que entiende que cada palabra, cada mirada nos define en lo que somos y seremos. Por eso un buen hipócrita nunca aparta la vista: No hay que perder detalle.

Mientras vosotros cruzáis semáforos con la vista vagando sin rumbo por vuestra vida sin vida, no me podéis ver. Y, sin embargo, yo busco vuestros ojos y trato de aprender lo que aún no le habéis dicho a nadie, lo que aún nadie os ha dicho porque pocos recuerdan el lenguaje de los ojos, y entonces, cuando yo sea el primero que os diga lo que os morís por oír, os tendré en la palma de mi mano y comenzará el juego: uno en el que juega y pierde una sola persona y nunca, nunca es la misma en ambas cosas.